Estrategias equivocadas*

Publicado el 2 de mayo de 2011
Lorenzo Córdova Vianello, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM

Luego de las multitudinarias marchas para protestar contra la violencia de hace un par de semanas, vino la reacción del Presidente Calderón. En un par de intervenciones públicas el titular del Ejecutivo reiteró el que desde hace años ha venido siendo el tono invariado de su discurso en lo que a materia de seguridad se refiere; un tono en el que deslinda a su gobierno de toda responsabilidad en lo que al incremento de violencia se refiere, que plantea los problemas en blanco y negro y que no deja de ser refractario y descalificador de toda crítica de su actuación. Para muestra de lo anterior valen dos botones:

El 12 de abril el Presidente sostuvo que: “Son delincuentes. Son criminales. Son enemigos de México. A ellos hay que frenarlos. A ellos hay que condenarlos. Hacia ellos debe ir un ya basta colectivo y nacional. Ya basta a los criminales. Y en eso estamos empeñados todos, estoy seguro, sociedad y Gobierno… Así que no debemos confundirnos. Ellos son los enemigos. Los que secuestran y asesinan. No los que combaten a quien secuestra y asesina. Ellos son los enemigos, los que asaltan, roban y envenenan a los jóvenes, no quienes los combaten.” Tres días después, en el mismo sentido, dijo: “No podemos perder de vista que la amenaza de la paz es la violencia de los criminales, no la acción del Gobierno, que combate a los criminales… Por eso, el esfuerzo y el anhelo de todos por recuperar la paz debe enfocarse en contra de los criminales, que nos han arrebatado la paz; debe enfocarse contra los criminales, más que en contra de quienes están combatiendo valientemente a los criminales”.

Una vez más el Presidente cierra todo espacio para una revisión de lo que ha estado mal en una estrategia que, luego de más de cuatro años, se ha demostrado equivocada para resolver el problema de la criminalidad, como lo demuestra el cotidiano incremento de la violencia.

Estoy convencido que asumir la necesidad de una convivencia con el crimen organizado como una manera de resolver el agraviante clima de violencia que agobia a la sociedad no es una salida aceptable en una democracia constitucional. Pero me queda claro que una lógica monocorde, unidimensional, simplificadora (y al final del día simplista y equivocada) de comprender el fenómeno criminal y las vías de confrontarlo, como la que ha prevalecido en la estrategia gubernamental, tampoco es viable ni sostenible.

Varios lo hemos sostenido hasta el cansancio y vale la pena reiterarlo: el fenómeno criminal tiene muchas y diversas vertientes además de la meramente delincuencial –que se manifiesta con el uso de la fuerza para lograr sus cometidos-. El crimen organizado es también –y sobre todo- un negocio y, por lo tanto, tiene una expresión económica; encarna un problema social – como la falta de movilidad social y la desigualdad dilagante, de manera destacada-; se nutre de una erosión de los valores que inspiran a la convivencia colectiva –como el respeto de la legalidad, la tolerancia y la no discriminación, la confianza en las instituciones-; y también tiene una vertiente cultural y hasta política y religiosa.

Se trata, en suma, de un fenómeno complejo y diverso. Por eso asumir que ante éste la tarea del Estado debe centrarse sólo en la confrontación física –de fuerza- y en la búsqueda y detención de los cabecillas de las organizaciones criminales, es decir enfrentar sólo una de las múltiples expresiones que ese fenómeno tiene, inevitablemente resulta precaria e insuficiente. Sólo si se entiende que estamos ante una realidad multidimensional y se emprenden estrategias múltiples, diversificadas y tendientes a atacar simultáneamente todas sus expresiones, puede tenerse alguna expectativa de éxito, y eso el gobierno no lo ha entendido.

Ya es hora de emprender una revisión crítica de la estrategia hasta ahora ha sostenido el gobierno, cuatro años son suficientes para entender que algo ha fallado y que hay que enderezar el camino. Pero el discurso presidencial no deja margen para ello; para el titular del Ejecutivo todo el problema está en otro lado, en el bando de los criminales.

Insisto, nadie puede aceptar y justificar a la criminalidad. Pero eso es una cosa y otra exigir que seriamente se discuta y se replantee una estrategia probadamente ineficaz y hasta contraproducente.

Sin duda desde la sociedad debe sostenerse un “ya basta” contra el crimen, pero no debemos olvidar que esa expresión nació hace unos años para expresar una clara inconformidad ante la incapacidad de las autoridades estatales para enfrentar adecuadamente el problema.

NOTAS:
* Se reproduce con autorización del autor, publicado en El Universal, el 6 de abril de 2011

* Nota: Debido que la traducción es automática podrá ser inexacta o contener errores.